Tristeza.
Sonrisa.
Nostalgia.
Viene y va. Lo único que sé es que nada es fácil, aunque quiero que sea así.
Siempre voy a cuestionar todo demasiado, voy a ser difícil y cuidadosa.
Porque no quiero volver a ser esa que se equivoca, que cae en el ridículo y en la voz pública
de la gente que siente que todo lo que sale de su boca es de oro puro, cuando es de plomo.
Soy lo que soy, a la fuerza no voy a cambiar.
Creo que funciona como la utopía, cada vez que uno se acerca, se aleja más y más.
Me pregunto que pasará si llega ese alguien que logre acercarse sin que me vaya.
Quedarme en ese instante, en ese marco, en ese momento
Y soñar con lo que puede pasar, si tan solo das un paso más, un movimiento, un indicio; y actuar.
Pero eso, claramente, nunca pasa. Nunca me pasa.
Esa es mi suerte.
Mi mala suerte.
No sé lo que es un rastro tuyo.
Por eso sueño, y mis sueños son deseos de mi corazón.
Y es así que nunca quiero decir adiós,
porque así una parte de mi se va,
y me deja, partida, rota, agujereada
y sin arreglo.
Siempre vuelvo a lo mismo, es un círculo perfecto que no tiene fin. Por eso recuerdo lo viejo, aquellas sonrisas, las de ayer y las de hoy, y con eso me quedo, con que sonrías y me hagas sonreír.
Es esto lo que veo posible, nuestras sonrisas y nada más.
Nada más puede pasar.
¿Nada más puede pasar?
¿Qué puede pasar?
Solo sé que cuando te veo, la vida me mira sonriendo.
Por eso te recuerdo así, caminando y sonriendo siempre,
dando pasos, haciéndote camino y acercándote a la utopía.
Te dije te quiero, pero pensé te amo.











No hay comentarios:
Publicar un comentario