domingo, 14 de julio de 2013

Alegría. 

Tristeza. 


Sonrisa. 


Nostalgia. 

Viene y va. Lo único que sé es que nada es fácil, aunque quiero que sea así. 

Siempre voy a cuestionar todo demasiado, voy a ser difícil y cuidadosa.
Porque no quiero volver a ser esa que se equivoca, que cae en el ridículo y en la voz pública
de la gente que siente que todo lo que sale de su boca es de oro puro, cuando es de plomo.



Soy lo que soy, a la fuerza no voy a cambiar. 
Creo que funciona como la utopía, cada vez que uno se acerca, se aleja más y más. 
Me pregunto que pasará si llega ese alguien que logre acercarse sin que me vaya.




Quedarme en ese instante, en ese marco, en ese momento 

Y soñar con lo que puede pasar, si tan solo das un paso más, un movimiento, un indicio; y actuar.

 
Pero eso, claramente, nunca pasa. Nunca me pasa. 
Esa es mi suerte.

Mi mala suerte.


No sé lo que es un rastro tuyo.


Por eso sueño, y mis sueños son deseos de mi corazón.










Y es así que nunca quiero decir adiós,
 porque así una parte de mi se va, 
y me deja, partida, rota, agujereada
y sin arreglo.





Siempre vuelvo a lo mismo, es un círculo perfecto que no tiene fin. Por eso recuerdo lo viejo, aquellas sonrisas, las de ayer y las de hoy, y con eso me quedo, con que sonrías y me hagas sonreír. 






Es esto lo que veo posible, nuestras sonrisas y nada más. 
Nada más puede pasar.
¿Nada más puede pasar?







¿Qué puede pasar?
Solo sé que cuando te veo, la vida me mira sonriendo. 
Por eso te recuerdo así, caminando y sonriendo siempre,
dando pasos, haciéndote camino y acercándote a la utopía.





Te dije te quiero, pero pensé te amo.

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